The Wrestlers: La ley del deseo de la lucha libre
El Acomodador nos habla de la creación de No Yoro para Tetatita con la lucha libre como protagonista
Chez Ortiz y Sunny Mike se ven las caras sobre el tatami en esta creación porno en la que el morbo va de la mano del universo wrestling. The Wrestlers es el título de esta creación de No Yoro para la productora Tetatita, estructurada en dos escenas de unos 10 minutos, en la que los dos 'players' se entregan en cuerpo y alma a un combate cuerpo a cuerpo, y lo hacen de manera literal. El morbo está servido...
- Título: The Wrestlers 1 y 2.
- Duración: 9:12 y 8:57 minutos.
- Creador: No Yoro.
- Productora: Tetatita.
- Players: Chez Ortiz y Sunny Mike.
- Temática: lucha libre, sexo homosexual, wrestling, licra.
Solo con el arranque, la escena ya te tiene ganado. El planteamiento es puro fetiche: dos luchadores (o players, como reza el grafismo) frente a frente. Primero aparece Chez Ortiz, que decide desnudarse "a palo seco", sin música ni artificios, en una habitación desnuda con apenas dos focos y un tatami. Verlo quitarse la camiseta, los pantalones y la ropa interior para quedar completamente expuesto ante la cámara antes de enfundarse el mono de lucha es una delicia. El ritual se repite con el segundo púgil, Sunny Mike, culminando en un saludo que ya nos avisa de lo que viene: un pico en los labios que sella el pacto de sudor.
A los que nos gusta buscar referentes, este inicio nos transporta inevitablemente al arranque de La ley del deseo de Almodóvar. Ese erotismo crudo de un chico desnudándose ante el objetivo, sin prisas, nos devuelve a esa fascinación adolescente de cuando descubríamos el cine prohibido en La 2.
A los que nos gusta buscar referentes, este inicio nos transporta inevitablemente al arranque de La ley del deseo de Almodóvar. Ese erotismo crudo de un chico desnudándose ante el objetivo, sin prisas, nos devuelve a esa fascinación adolescente de cuando descubríamos el cine prohibido en La 2.
Más que una lucha, una cacería de fluidos
The Wrestlers no es el típico porno de lucha libre al uso. Aquí no hay profesionales del ring, sino dos tíos con un magnetismo animal. Son dos "jugadores" entregados al morbo del uniforme, esa licra que lo marca todo y no deja lugar a la imaginación. No Yoro se adentra en esa filia tan nuestra: el poder del mono de lucha, cómo moldea los músculos y cómo encierra el paquete y el culo bajo una presión asfixiante.
El juego comienza con llaves y poses típicas, pero el morbo escala rápido. Es imposible no fijarse en el culazo de Chez, marcando cada fibra bajo el mono rojo mientras lo planta directamente sobre la cara de Sunny. La tensión explota cuando empiezan a husmearse las partes íntimas; ese momento en el que olfatean el culo y el paquete del rival, como perros en celo reconociendo su territorio, es pura dinamita.
Tensión sexual en el cuadrilátero
La lucha de egos deja paso a la urgencia de la carne. Sunny ya asoma un pectoral moreno y una verga que busca libertad bajo la lycra. Los besos ya no son picos; ahora se comen la boca mientras la cámara de Rusty nos regala planos cenitales de los cuerpos entrelazados, creando estampas de una plasticidad brutal.
Chez Ortiz es un maestro del calentamiento. Su forma de desvestir a Sunny es de un morbo insoportable: lamiendo su polla mientras desliza el mono hacia abajo, con una mirada cargada de hambre. El 69 que se marcan en el tatami es el potenciador definitivo. Ver a Sunny sacando el rabo de Chez por el pernil del mono para devorarlo, mientras los huevos de este cuelgan sobre su boca, es manual de buen porno.
El clímax: Dominación y entrega
El detalle de Sunny convirtiendo el atuendo de Chez en un tanga improvisado para devorarle el ano es magistral. Pero no olvidan el código de lucha: incluso mientras le comen el culo, Chez se aferra a las piernas de su rival en una llave que le aprieta el cuello, mezclando el placer con la asfixia del combate.En el tramo final, ya sin ropa, la acción se vuelve frenética. La edición de Mat Queen evita cualquier bostezo; aquí hay fluidez y mucha verdad. Tras un breve interludio de estiramientos (donde vuelven a lucir paquete en licra), pasamos al plato fuerte: Sunny ensartando a Chez.
La dinámica activo/pasivo aquí es eléctrica. Chez entrega su culo con una pasión devoradora, demostrando que ser el receptor no es ser un sujeto pasivo: cabalga a Sunny con una fuerza que hipnotiza. Por su parte, Sunny impone su ley como activo, agarrándolo del cuello y del pelo, recordándonos que la lucha libre es, en el fondo, un juego de dominación y poder.
Un final bañado en leche
La ausencia de música es un acierto total. Solo escuchamos el golpeteo de los cuerpos y el sonido húmedo de la penetración. Ese silencio amplifica el morbo de la embestida final, ya sea a cuatro patas o con Chez entregado boca arriba.El broche de oro es una de esas corridas que se quedan grabadas. Tras la última embestida, Chez se corre sobre su propio torso mientras Sunny menea su verga buscando el final. La lechada del activo es masiva, saltando con fuerza sobre el cuerpo de su contrincante. La cámara, casi de forma voyerista, se recrea en los restos de semen que decoran la piel de Ortiz.
The Wrestlers se cierra de forma cíclica. Una vez terminada la batalla y bañados en fluidos, los dos se ponen en pie, se dan la mano y se besan. El combate ha terminado, pero el rastro de la pasión queda flotando en el ambiente. Cine porno de alto voltaje.
- Lo mejor: La simbiosis perfecta entre los dos actores, aunque nos ha encantado la actitud de Chez Ortiz.
- Una pega: El mono de Sunny Mike, que es de ciclista, no de lucha.
- Curiosidad: Aproximación de Tetatita al universo de la lucha libre.
- Puntuación: ★★★★★

















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