El triunfo de la ambigüedad sexual de Bad Bunny

bud bunny en la superbowl

Analizamos porque gusta tanto el Conejo Malo a los chicos que frecuentan nuestro vestuario tras su paso por la Super Bowl

Este domingo el Levi's Stadium no solo ha sido el escenario de una final deportiva; ha sido el epicentro de una explosión cultural que muchos en nuestra comunidad esperábamos con ansias. Bad Bunny, el 'Conejo Malo', llegó al espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX para consolidar lo que lleva años demostrando: que se puede ser el artista más grande del planeta sin pedir permiso para desafiar la masculinidad tradicional.

bud bunny super bowl

Aliado activo del colectivo

A diferencia de otros artistas que adoptan la estética queer solo cuando es tendencia, Benito Antonio Martínez Ocasio, que es su verdadero nombre, ha construido su carrera sobre una base como aliado activo del colectivo. No olvidamos cuando en 2020 utilizó el escenario de Jimmy Fallon para denunciar el asesinato de Alexa Negrón, una mujer trans en Puerto Rico, vistiendo una falda y una camiseta con el mensaje: "Mataron a Alexa, no a un hombre con falda".

Pero, su atractivo para el colectivo gay no nace solo de su música, sino de su capacidad para desmantelar el machismo estructural del reguetón. Para ello, hace uso de la estética como arma, desde sus uñas pintadas hasta sus apariciones en drag en el vídeo de Yo perreo sola. 

Además, Bud Bunny ha mostrado su negativa a ponerse etiquetas rígidas, declarando que la sexualidad es fluida y huyendo de los cajones cerrados. Además, ha logrado que el "chico de barrio" promedio cante letras que celebran el empoderamiento femenino y el respeto a la diversidad.

Bad Bunny no necesita ser gay para ser un icono para nosotros. Su valor reside en ser un caballo de Troya. Ha entrado en las casas de las familias más conservadoras del mundo, ha puesto a bailar a los sectores más machistas y, mientras lo hacía, ha normalizado la falda, el maquillaje y la defensa de los derechos trans.

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Lo que nos vuelve loco de Bad Bunny

La mirada y la actitud  despreocupada. Y es que no hay nada más sexy que la confianza absoluta.  Benito tiene esa mirada lánguida y segura de quien sabe que es el centro de atención, pero no necesita esforzarse para serlo. Su atractivo reside en esa mezcla de chico de barrio y estrella de rock que te invita a bailar un reguetón lento mientras te sostiene la mirada sin prejuicios.

El "Thirst Trap" o publicación provocativa. Bad Bunny sabe perfectamente lo que hace en sus redes sociales. Desde sus selfies frente al espejo con apenas una toalla, dejando ver su abdomen y sus tatuajes, hasta esas fotos donde presume de vello corporal y curvas naturales. En un mundo lleno de cuerpos hiper-musculados y filtrados de gimnasio, Benito celebra una belleza más orgánica, real y, por lo tanto, mucho más provocativa.

La sensualidad de la ambigüedad. Hay algo profundamente excitante en un hombre que no teme jugar con la feminidad. Verlo con los labios pintados, usando un crop top que deja ver su cintura, o luciendo una falda con la seguridad de un semental, crea un corto-circuito de deseo. Es esa energía "switch" —capaz de ser el protector rudo y, al segundo siguiente, la musa delicada— lo que lo hace un imán para el deseo queer.

El "Dirty Talk" en la voz de barítono. No podemos ignorar el factor auditivo. Esa voz profunda, nasal y arrastrada es puro placer para los oídos. Cuando Benito susurra letras explícitas sobre sexo, deseo y sudor, no solo está cantando un hit; está creando una atmósfera de seducción que traspasa los auriculares.

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Lo más destacado de su atractivo

Sus manos: Siempre arregladas, con anillos y uñas pintadas, pero con una fuerza que desborda virilidad.

Su estilo "Dad Bod" evolucionado: Un cuerpo sano, real y atlético que se aleja de los cánones imposibles de Hollywood.

El vello facial: Esa barba de tres días que le da el toque perfecto de "chico malo" que todos queremos reformar (o no).

Bad Bunny es el crush definitivo porque representa un hombre que no nos tiene miedo. Nos atrae porque se mueve en nuestros espacios, habla nuestro lenguaje estético y no se siente amenazado por nuestra mirada. Al final del día, el "Conejo Malo" es la prueba de que la vulnerabilidad y la libertad son los accesorios más sexys que un hombre puede usar.

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