El Ritual de los Santos Cojones

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Tetatita nos presenta la segunda entrega de El Cura con Bel Gris y Chez Ortiz

Hay producciones que se limitan a mostrar carne, y luego está lo que hace Bel Gris. En la nueva entrega de la serie El Cura, la factoría Tetatita nos arrastra a una sacristía en penumbra donde la fe no se profesa de rodillas para rezar, sino para algo mucho más húmedo y terrenal. Tras el paso de Carmen, ahora le toca el turno a su prometido, Pedro (un impecable y entregado Chez Ortiz), someterse al escrutinio —y a las manos— de un director espiritual que parece recién bajado de un plató de televisión de los noventa.

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  • Título: El Cura. Pedro 1 y 2.Duración: 10:40 y 8:25 minutos.
  • Creación: Bel Gris.
  • Producción: Tetatita.com.
  • Cámaras: Matt Queen y NoYoro.
  • Actores: Bel Gris y Chez Ortiz.
  • Temática: sexo homosexual, religión, ritual, deseo terrenal.
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Lo de Bel Gris es una cátedra de interpretación bizarra. Su personaje es un híbrido imposible: tiene la grandilocuencia susurrante de un místico, el delirio cósmico de Carlos Jesús invocando a Raticulín y el nervio de la Carrà gritando ese "¡Pedro, Pedro, Pedro!" que resuena como un mantra pecaminoso.

El arranque es cine puro: una llamada, una plaza bañada por el aleteo de las palomas... y de repente, la reclusión de un despacho donde el tiempo se detiene. Allí está Pedro, con su vestuario modosito y su rosario, listo para que el Padre ponga en marcha el "ritual de los santos cojones".

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El morbo está en los detalles

La escena es un festín para los que buscan algo más que gimnasia sexual. El verdadero erotismo aquí es atmosférico.

La Tensión Sacra: Ver a Pedro inclinado sobre la mesa, con la Biblia bajo el pecho y los pantalones por las rodillas, mientras el cura declama en latín y le palpa los huevos, es una imagen que se queda grabada. Es el choque entre lo prohibido y lo sagrado.

El Fetiche del Rosario: Pocas cosas resultan tan provocadoras como ver a Bel jugando con las cuentas del rosario y el sexo de su pupilo, hipnotizándolo en una danza de fe y lujuria.

La Iluminación Roja: Ese haz de luz carmesí que entra por la ventana y dibuja una cruz sobre el visillo no es casualidad; es el recordatorio constante de que el ángel caído está presente en la habitación. Esa saturación de rojos, la presencia de vírgenes y el uso del rosario como fetiche recuerda al Almodóvar de Entre tinieblas
Es un cine donde la religión no es el enemigo, sino el escenario necesario para que el deseo explote.

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Interpretación que roza el éxtasis

Chez Ortiz eleva la temperatura con una interpretación que roza el éxtasis. Su mirada desorbitada mientras, de rodillas, devora la polla de su pastor, no es solo deseo; es la expresión de quien cree estar recibiendo una aparición mariana. 

Entre bromas que rompen el hielo y latines que elevan el espíritu, la escena culmina en una corrida mitológica. Ese chorro de "agua bendita" sobre la camisa con alzacuellos de Bel Gris es el sello final a una de las piezas más audaces, divertidas y, sobre todo, perturbadoras de la productora.

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Porno de autor

Lo que separa a Bel Gris de otros directores de "porno de autor" (como los de la escuela francesa de Erika Lust) es la guasa española.

Esos guiños a Carlos Jesús o Raffaella Carrà no es accidental. Al introducir elementos del kitsch televisivo, Bel rompe la seriedad del acto sexual. Esto crea un tipo de morbo muy específico: el espectador se siente cómplice de una broma prohibida. Es la risa nerviosa antes de la penetración, lo que hace que la escena se sienta más real y menos coreografiada.

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La importancia de la edición

El trabajo de edición es fundamental para que este delirio funcione. El plano de "La Moreneta" como voyeur: En la segunda parte, colocar a la virgen de espaldas o en primer plano mientras ocurre la sodomía sobre la mesa es una decisión de dirección de arte brillante. Convierte al objeto sagrado en un testigo silencioso, intensificando la sensación de profanación.

El uso del rojo tras el visillo funciona como una señal de "infierno" doméstico, contrastando con el azulado ocre del despacho.

Este estilo está creando escuela porque recupera el personaje. En El Cura, no estamos viendo a dos actores porno; estamos viendo a un pastor lunático y a un fiel poseído por la libido. La "corrida mitológica" es el clímax no solo físico, sino narrativo: es la comunión final.

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  • Lo mejor: La fusión perfecta entre pastor y siervo, cada uno en su papel.
  • Una pega: La segunda parte tiene un ritmo más lento.
  • Curiosidad: Nueva entrega de la serie El Cura.
  • Puntuación:★★★★☆
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Puedes ver las escenas en la web de Tetatita a través del siguiente enlace.

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