El terapeuta de los hombres que quieren salir de su zona de confort

terapeuta gay

"El desnudo me mostró que el cuerpo del hombre no tiene que ser perfecto para ser potente"

Hay viajes que se hacen para encontrarse a uno mismo, y el de este argentino terminó en el corazón de Barcelona. Hace cinco años que Lau decidió alinear su vida con su verdad, creando un refugio donde la sexualidad y el trabajo corporal se dan la mano sin tabúes. Conocido en redes como Chino Energía Masculina, Lau nos invita a pasar a su consulta —su propio "vestuario" emocional— para descubrir cómo el masaje y el coaching pueden transformar la relación con nuestro cuerpo. Una invitación a bajar la guardia y habitarse plenamente.


¿Qué es Chino Energía Masculina? ¿Cómo lo presentaría a nuestros chicos del vestuario?
Es un espacio para hombres donde el cuerpo deja de estar en modo defensa. Acá no se viene a rendir, ni a demostrar nada. Se viene a sentir más, a moverse distinto, a habitar la piel con calma. Hay respiración, movimiento, tacto y silencio. Y cuando esas cuatro cosas se alinean, pasan cosas interesantes. No prometo soluciones mágicas; prometo experiencias que te mueven el piso. Masajes, Yoga individual y personalizado, coaching y Sexcoaching…
A los chicos del vestuario les diría algo así: si entrenás el cuerpo pero, sentís que algo no termina de encajar, este espacio es para vos. No hace falta ser flexible ni espiritual. Hace falta animarse a bajar un cambio y ver qué aparece cuando no estás actuando. Es una combinación de experiencias sensoriales y energéticas.

¿Y quién está detrás de todo esto? ¿Quién es Lau?
Soy Lau, varios me conocen como Chino. Trabajo con hombres desde hace años. Conozco bien el territorio: el deseo, la vergüenza, el orgullo, el cuerpo que quiere y no siempre sabe cómo. No improviso. Hay marco, hay cuidado y hay experiencia. Eso se nota apenas entrás.
Me considero un terapeuta que se enfoca en hombres que quieran salir de su zona de confort.

¿Ese acento o cadencia en tu voz cuando nos hablas de dónde viene?
Viene de Argentina y de escuchar muchos cuerpos. Soy argentino, me crié en la Patagonia y luego vivi casi 20 años en Buenos Aires.

¿Cuánto tiempo llevas en España y qué te trajo a este país?
Vivo en España hace 5 años. Vine buscando una vida más alineada con lo que soy y con lo que siento. Barcelona me permitió unir trabajo corporal, sexualidad y acompañamiento sin tener que esconderme. Eso se agradece.

¿Con qué se encontró primero con su yo nudista o con su yo terapeuta o coach emocional?
Primero apareció el cuerpo. Animarme a sacarme la ropa fue un antes y un después. Ahí, sin filtros, vi tensiones, miedos y deseos muy concretos. Cosas que con palabras solo no se veían. El cuerpo fue el que habló primero.
Después vino la terapia. Primero en lo personal: hice mi propio recorrido, me miré, me incomodé, me ordené. Y a partir de ahí empecé a formarme: comunicación, psicología, coaching ontológico, terapia floral, Yoga, meditación. No como acumulación de títulos, sino como formas de entender mejor lo que ya había experimentado en carne propia.
El coaching fue clave para unir todo eso: cuerpo, emoción, lenguaje y elección. Para darle marco, dirección y responsabilidad a lo que se despierta cuando un hombre se anima a sentirse entero. Y sigo formándome, porque este trabajo no se termina nunca. El cuerpo siempre va un paso adelante.

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"Barcelona me permitió unir trabajo corporal, sexualidad y acompañamiento sin tener que esconderme"

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¿Recuerda el primer desnudo masculino que vio en su vida? ¿Podría contextualizarlo?
Sí. De niño me llamaba la atención el cuerpo masculino desnudo, aunque no sabía bien por qué. Recuerdo que el primer hombre desnudo que vi (al menos que tenga conciencia) fue en el vestuario del club. Era pequeño, tendría 8 años y había un hombre velludo con bigotes que salió de la ducha y mientras se secaba conversaba con el resto del vestuario que también estaban desnudos o en slip. Fue algo maravilloso para mí vivencia de niño. Ver tantos hombres desnudos, tanto rabo con vello pubico me fascinaba. Pero fue ese hombre de bigotes y rabo grueso quien atrapó mi atención.
Y de adulto, el desnudo fue más revelador que excitante (aunque los vestuarios siguen siendo los lugares donde más disfruto de ver hombres desnudos). Me mostró que el cuerpo del hombre no tiene que ser perfecto para ser potente. Esa idea atraviesa todo mi trabajo.

¿Por qué decide aunar ambas facetas? ¿Qué aporta por ejemplo la desnudez a una sesión de yoga?
Porque la ropa tapa demasiadas cosas. Cuando te la sacás, el cuerpo deja de disimular: se ve cómo respirás, dónde te cerrás, qué evitás, qué se despierta. El cuerpo habla más claro que cualquier discurso. Si hay tensión, aparece; si hay vergüenza, se nota; si algo te excita, el cuerpo lo muestra sin pedir permiso. Esa honestidad acelera el proceso.
Un cuerpo desnudo no esconde nada, no disimula. Las emociones se ven en el cuerpo, las sensaciones… si te excita algo seguramente te vas a empalmar, si tienes vergüenza seguramente la polla se achica
Y además cuando estamos desnudos se crea una tensión sexual que crea una atmósfera muy interesante. Si habitamos esa tensión lo que viene después es una confianza plena. 

¿Esta tendencia a hacerlo desnudo es algo más reciente o, por el contrario, era una práctica habitual en la antigüedad?
No es algo nuevo, es todo lo contrario. Durante siglos el cuerpo masculino se entrenó y se ritualizó desnudo. El yoga, las prácticas corporales antiguas, la gimnasia griega… todo sucedía con el cuerpo libre, visible, sin culpa. El sexo, el movimiento y la energía vital no estaban separados.
Después empezamos a tapar, a endurecer, a controlar. El desnudo pasó de ser natural a ser provocación.
Practicarlo desnudo hoy no es una moda ni una pose rebelde: es volver a un cuerpo sin armadura. Sentir la piel, el calor, la respiración que baja, la excitación que aparece y no se actúa. En grupo, además, hay una tensión evidente: cuerpos cerca, transpirados, presentes.
Ese es el morbo real: no descargar el deseo, sino sostenerlo. Cuando sacás el tabú, queda una práctica cruda, intensa y profundamente sensual, porque el cuerpo deja de mentir.

Para los más incrédulos, ¿es cómodo hacer las poses de yoga con todo ahí colgando o, al contrario, se incrementa la sensibilidad corporal?
Cómodo no es la palabra… al principio estás más atento a lo que pasa ahí abajo que a la postura. Eso es así siempre. Pero dura poco. El cuerpo se va acomodando, deja de ser un tema y de repente empezás a sentir todo: el peso, el apoyo, la respiración.Y la sensibilidad corporal se incrementa claramente, tu energía fluye a mil.

¿Cuál es la postura de yoga, desde su punto de vista profesional, que le resulta más erótica cuando la hace un hombre desnudo?
  • El bebé feliz es pura exposición: todo abierto, sin truco, sin esconder nada. Ahí el cuerpo habla solo. Piernas abiertas, el culete expuesto como esperando algo.
  • El camello es otra cosa: empuje de pelvis, pecho abierto, respiración profunda… si eso no tiene carga erótica, estamos mintiendo. Acá el rabo está al descubierto, listo para que alguien lo disfrute.
  • Y el guerrero II… firme, piernas abiertas, mirada fija, presencia total. Eso es masculinidad pura, los huevos cuelgan y la polla expuesta completamente. Y eso excita.
Igual, más que la postura, es cómo la habitas. Si querés, después de la entrevista te la muestro en vivo y sacamos dudas, jajaja.

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"Cuando te sacás la ropa, el cuerpo deja de disimular y habla más claro que cualquier otro discurso"

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Dice que está especializado en hombres para sus terapias, masajes y clases de yoga desnudo, pero, desde su punto de vista, ¿ha recibido alguna vez a algún hombre heterosexual o suelen ser todos gays?
Trabajo con hombres, con personas que se sienten hombres. Muchos gays llegan antes, claro, porque están más acostumbrados a mirarse y a desear sin tanta culpa. Pero también vienen heteros, bi y trans. Y cuando vienen, se nota rápido quién está cómodo en su cuerpo y quién todavía está negociando con él.
La orientación no define nada acá. Lo que marca la diferencia es qué tan dispuesto estás a sentir, a aflojar el control, a dejarte ver sin personaje. Desnudo, eso no se puede fingir. Y para algunos, justamente ahí empieza lo más excitante.

Y en líneas generales, ¿tiene buena acogida sus propuestas? ¿Tiene una buena clientela?
Hay de todo, pero en general la respuesta es muy buena. Podría decirte que tengo buena clientela, o mejor dicho, que tengo una clientela fiel.
Me da la sensación que los hombres estamos en un momento de cambio: menos rigidez, menos mandato, más curiosidad por sentir distinto. Muchos llegan buscando algo corporal y se encuentran con algo más profundo… y otros vienen por la cabeza y terminan descubriendo el cuerpo.
Lo que veo es claro: hay ganas de vivir la sexualidad con más presencia, menos automático y más verdad. Debería escribir un libro con anécdotas de mis clientes, sería un best seller.

¿Notas mucho reparo aún en los hombres a desnudarse para este tipo de acciones?
No siempre, pero los reparos tienen que ver con que los tabúes siguen ahí. Incluso —y a veces más fuerte— dentro del mundo gay. Hay miradas cargadas de prejuicio que pesan: fobia a lo femenino, a las plumas, a los cuerpos que no encajan en el molde. Y después está el tema del tamaño, que es enorme… simbólicamente hablando. El endiosamiento del rabo grande deja a muchos hombres incómodos con el propio cuerpo; el que siente que “no da la talla” suele ser el que más se tapa.
Todo eso se trabaja. Porque cuando el juicio baja, el cuerpo se relaja. Y cuando el cuerpo se relaja, aparece algo mucho más interesante que la comparación: la presencia. En la presencia es cuando nos desnudamos sin problema. A eso apunto.

En el terreno de los masajes, ¿qué diferencia hay en hacerlo más terapéutico o más sensual e íntimo? ¿Dónde está esa línea roja?
Depende de qué quiera experimentar la persona y desde dónde lo esté pidiendo. La diferencia no está tanto en las manos, sino en el foco.
Cuando el foco es terapéutico, el trabajo va a liberar tensiones, a ordenar el cuerpo, a que respire mejor. Cuando es más sensual e íntimo, el foco se corre a la percepción, a la piel, al disfrute, a cómo circula el placer.
La línea roja está clarísima: está en la intención, en el consentimiento y en el marco. Yo no improviso ni cruzo lugares confusos. Todo se habla, todo se acuerda y todo se sostiene con presencia. Cuando eso está claro, el masaje puede ser profundo, íntimo y muy intenso… sin perder nunca el cuidado ni el respeto.

¿Cuando hablamos de mansajes sensuales, hablamos de lo que se conoce como “final feliz”?
Depende de lo que entiendas por final feliz. Para mi en un masaje sensual, todo el masaje es feliz. No hay un objetivo final al que llegar. No es una carrera ni una descarga obligatoria.
El masaje sensual busca despertar la sensorialidad, afinar la percepción, generar una conexión real entre terapeuta y cliente. Hay piel, hay presencia, hay una intimidad cuidada que puede sentirse erótica, incluso muy erótica, pero no está puesta al servicio de un “final”.
Lo que se busca es una fusión amorosa y erótica en el buen sentido: dos cuerpos sincronizados, respirando parecido, en confianza. Cuando eso pasa, el placer deja de ser algo puntual y se vuelve una experiencia que atraviesa todo el cuerpo. Para muchos hombres, es muchísimo más potente que cualquier idea de “final feliz”.

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"En el yoga desnudo, la sensibilidad se incrementa y la energía fluye a mil".

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¿Hay gente que confunde términos y cuando ve que se habla de masajes o yoga desnudo piensa que es una excusa para follar con el monitor o masajista? ¿Has tenido experiencias en este terreno?
Sí, obvio que se confunde. Pasa todo el tiempo. Cuando hablás de cuerpo, desnudez y erotismo, la cabeza de muchos se va directo a la fantasía. Y está bien, la fantasía existe… pero una cosa es lo que uno imagina y otra lo que pasa en una sesión.
En el espacio de trabajo hay reglas claras, tiempos claros y roles claros. Ahí se labura.
¿Que a veces hay miradas, tensión, química? Claro que sí, somos humanos, no robots. ¿Que alguna vez pasó algo? Puede ser… pero siempre fuera de la sesión y fuera del horario. Cada cosa en su lugar.
No soy mojigato ni hago el distraído. El deseo está, se huele en el aire. Justamente por eso hay que saber manejarlo. Y te digo algo: cuando eso está claro, todo se vuelve mucho más interesante.

¿Y tú, te sirves de tu faceta de monitor de yoga o masajista o terapeuta para disfrutar de la sexualidad con otros hombres?
Honestamente, no. No lo necesito. Tengo una vida sexual plena, creativa, muy viva, y eso es algo que trabajé mucho para llegar al punto de madurez en el que estoy hoy. No uso el rol profesional como atajo ni como excusa.
Ahora… que en el trabajo haya tensión, erotismo, piel, miradas, energía que se mueve, claro que sí. Eso está ahí y forma parte de lo que hago. Y esa faceta la disfruto mucho, justamente porque sé sostenerla sin confundir los planos.
Cuando el deseo no gobierna, se puede jugar mejor con él. Y eso, tanto en el trabajo como en la cama, se nota.

¿Has tenido alguna experiencia especialmente morbosa en este terreno que quieras compartir con nosotros?
Depende de qué entendamos por morboso. Si hablamos de experiencias claramente eróticas, el masaje Nuru entra ahí sin vueltas. Es piel con piel, deslizamiento, contacto total. No hay demasiada interpretación posible: es un masaje pensado para despertar el cuerpo y el placer de una forma muy directa. Bien hecho, es intenso y muy elegante a la vez.
Pero si tengo que ser honesto, lo más morboso no pasa tanto por lo obvio. Para mí, lo más fuerte son los Juegos de Contacto. Ahí hay un objetivo sexual claro, la tensión es brutal: cuerpos cerca, respiraciones que se sincronizan, roces que no terminan de ser nada… y justamente por eso lo son todo. Es deseo sostenido, sin descarga. Pura electricidad.
Y después están las sesiones grupales de Cum Control. Eso ya es otro nivel. Hay presencia, contención, excitación compartida, autocontrol y mucha consciencia corporal. No es para cualquiera, pero para el que se anima, es una experiencia que marca. De esas que no se olvidan rápido.
Así que sí, he vivido situaciones muy cargadas. Pero lo interesante no es lo explícito, sino ese punto donde el deseo está ahí, vibrando… y nadie se apura a apagarlo. Ahí es donde el morbo se vuelve realmente potente.

Para los que no nos movemos habitualmente en este ámbito, ¿qué es la terapia floral y también se hace desnudo?
La terapia floral trabaja con Flores de Bach. Son esencias hechas a partir de flores que ayudan a acompañar estados emocionales: ansiedad, miedos, inseguridades, cambios vitales, bloqueos, estrés. No te cambian la vida de un día para el otro, pero sí te ayudan a ordenar lo que está revuelto por dentro.No reemplazan a nada, suman. Es una herramienta sencilla y muy fina para acompañar procesos personales, sobre todo cuando uno está moviendo cosas profundas.
¿Y la desnudez? Eso es importante aclararlo: la terapia floral solo se hace desnudo si la persona lo solicita. No es una norma ni una obligación. Hay quienes prefieren trabajar vestidos y está perfecto. Y hay quienes sienten que, sin ropa, conectan mejor con lo que les pasa, con el cuerpo y con la emoción. En ese caso, se acompaña desde ahí.
Acá la clave es la elección. La desnudez no es un requisito, es una posibilidad. Lo importante es que la persona se sienta cómoda, cuidada y en confianza. Cuando eso está, el trabajo —con flores, con palabra o con cuerpo— funciona mucho mejor.

Dice que está especializado en la línea del sex-coaching o de la sexualidad masculina. ¿En qué consisten estas sesiones o terapias?
La base de todo lo que hago es el coaching ontológico. Básicamente, trabajar cómo te mirás, la historia que te contás sobre vos mismo y desde dónde actuás. Cuando cambia el observador, cambian las opciones. Miramos mucho el lenguaje —lo que decís, lo que te decís, lo que callás— porque ahí se ve clarísimo cómo te parás frente a la vida. Y, obviamente, se trabaja con el cuerpo y las emociones, porque si eso no entra en juego, el cambio queda solo en la cabeza.
El sex-coaching es aplicar todo eso al terreno de la sexualidad masculina. En una sesión se habla, sí, pero también se observa cómo funciona tu deseo en el cuerpo: cómo respirás, dónde te tensás, qué te dispara, qué te bloquea. Se trabaja mucho la ansiedad, el miedo a no dar la talla, la necesidad de rendir, la dificultad para disfrutar sin presión. Tené presente que los hombres y en particular los gays vivimos procesos de subjetivación particulares y a veces quedamos entrampados en nuestra propia historia.
No es una charla teórica ni una terapia rara. Es bajar la sexualidad a tierra: entender tus patrones, cambiar la forma en que te relacionás con el placer y aprender a vivirlo con más presencia y menos exigencia. Cuando eso se ordena, no solo mejora el sexo: cambia la forma en que te vinculás con vos y con los demás. He trabajado con múltiples recursos como la meditación, el movimiento corporal, el espejo, la foto y la autofoto. Todo ayuda.

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"En el masaje sensual, lo que se busca es una fusión erótica: dos cuerpos sincronizados y respirando parecido".

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¿Cuál es la parte del cuerpo del hombre que tiene más sensibilidad a la hora de trabajar con su cuerpo?
Es una pregunta tramposa, porque cada cuerpo es un universo. Hay zonas obvias que suelen aparecer en muchos hombres —genitales, tetillas, glúteos, ano, próstata, cuello—, eso es innegable. Pero incluso esas zonas responden distinto según la persona y el momento.
La sensibilidad no está solo en el mapa del cuerpo, sino en el contexto: cómo está ese hombre, qué está viviendo, cuánta confianza hay, qué tipo de conexión se genera. Lo que un día no dice nada, otro día puede ser muy intenso.
Por eso no me gusta generalizar demasiado. El cuerpo es dinámico, cambia. Si quisiera dar una respuesta cerrada tendría que hacer una investigación rigurosa… o mentir un poco

¿Con qué equipo de fútbol o con qué futbolistas aleatorios no te importaría impartir una sesión de yoga desnudo?
Creo que armaría un seleccionado bastante personal, jajaja. Alguno de la selección española, seguro; un par de brasileños —eso casi viene dado—, algunos franceses también… y obviamente alguno de Argentina, por una cuestión afectiva y cultural.
Pero si te soy sincero, con los que lo haría sin ningún problema sería con los All Blacks. Ya sé que son de rugby y no de fútbol, pero tienen algo muy potente: cuerpo, presencia, disciplina y cero histeria. Ese tipo de energía, desnuda y respirando en una sala de yoga, sería una experiencia interesantísima. Y bastante intensa, no vamos a mentir.

Si nos fuéramos a la historia, ¿algún personaje histórico al que le darías un masaje íntimo a algunas de tus terapias más sensuales?
Sí, varios… y bien elegidos. Me atraen los hombres con cuerpo, poder y presencia.
En la antigüedad clásica, sin dudas los gladiadores romanos o los guerreros griegos: cuerpos entrenados, sudor, disciplina y una relación con el desnudo mucho más natural que la nuestra.
De entrada pienso en Alejandro Magno: joven, magnético, cuerpo entrenado, rodeado de hombres y sin conflicto con el contacto. Ahí hay mucha presencia para trabajar.
De África, sin dudarlo, Shaka Zulu. Fuerza física, autoridad natural, energía contenida. Un cuerpo así, llevado al silencio y al tacto consciente, tiene una carga muy intensa.
Y de América Latina, claramente Simón Bolívar. Carácter fuerte, liderazgo, pasión, un hombre que vivía con intensidad. Ese tipo de cuerpo —con historia, tensión y fuego interno— es ideal para un trabajo corporal profundo, donde el masaje no es solo piel, sino energía y presencia.

¿Y algún personaje de actualidad en este momento, en todos los ámbitos (cine, televisión, música, deporte o política) con el que no te importaría poner en marcha todos tus conocimientos en un ambiente íntimo y desnudo?
Tengo gustos bastante claros… y variados.
  • Tom Selleck:Masculinidad de otra época. Mucho vello, pecho grande, cuerpo pesado, de esos que ocupan espacio sin pedir permiso. Y el bigote… ¡me encanta! casi un fetiche en sí mismo. Tom es de los tipos que no necesitan moverse mucho: con quedarse quieto ya genera clima. Pero, si mueve sus caderas, uff.
  • Pedro Sánchez:Alto, elegante, piernas largas. Los trajes le quedan demasiado bien… y no disimulan nada, se nota toda su anatomia. Hay algo en cómo camina, en cómo se sienta, en cómo se planta, que deja claro que hay paquete y que sabe llevarlo.
  • Jude Law: Cuerpo fino, piel clara, elegancia natural. No es tosco ni rudo, pero tiene una sensualidad silenciosa que engancha. De esos tipos que te miran y te desarman sin tocarte.
  • James Hetfield: El cantante de Metálica. Cuerpo curtido, hombros grandes, manos de tipo que aprieta fuerte. Energía cruda, masculina, cero delicadeza impostada. Mucha carne, mucho carácter, mucho “vení que te sostengo”.
  • Unai Simón: Me encanta este futbolista. Físico sólido, piernas potentes, pecho abierto. Tranquilo, seguro, muy anclado al cuerpo. De los que transmiten calma… y debajo de esa calma, bastante intensidad.
Si te invitamos un día a nuestro vestuario, ¿qué sesión o terapias te gustaría poner en práctica con nuestros chicos?
Sin dudarlo: Juegos de contacto extra large.Es una experiencia para activar los cinco sentidos y bajar a un nivel de escucha corporal muy fino. Se trabaja con el tacto, la respiración, el peso del cuerpo, el calor, el olor, el sonido. Nada brusco, nada apurado. Todo progresivo.
Los juegos de contacto son dinámicas guiadas donde los cuerpos se acercan, se apoyan, se rozan, se sostienen. A veces es una mano que explora una espalda, a veces un pecho que respira muy cerca de otro, a veces simplemente dejarse tocar sin tener que responder. Y eso genera algo inevitable: tensión sexual.
El morbo y la excitación van creciendo de a poco, casi sin darse cuenta. Se acumulan, se expanden, se vuelven compartidos. No se buscan, aparecen. Y cuando el grupo aprende a sostener eso sin correr a descargarlo, el clima se vuelve realmente potente.
Ahí el vestuario deja de ser solo un vestuario. Se transforma en un espacio de complicidad, confianza y disfrute corporal a niveles… geniales. Te juro que no se lo van a olvidar.

"Debería escribir un libro con las anécdotas de mis clientes, sería un best seller".

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Comentarios

  1. Me parece super interessants el tema y la única experiència compartida con Lau fue muy sensual ybenriquecedota

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  2. Al leer la entrevista he recordado grandes momentos llenos de sensualidad por las manos expertas y profesionalidad

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  3. Los masajes, el contacto, sentir que alguien decide cómo y dónde tocarte… la entrega va más allá de lo físico. Una vez le dije a un masajista: “Hazme lo que quieras”, y lo hizo.

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